De la oración a la meditación

 

Santi_comunion.jpgDurante su infancia y al principio de su adolescencia, le enseñaron a rezar. Se sabía de memoria un montón de oraciones, como lxs que lo rodeaban, casi todxs educadxs con curas y monjas. Utilizaba la oración para ser mejor y pedir que se realizaran sus deseos. Muchos relacionados con aprobar asignaturas.

En el colegio se encontró a un amigo que resultó ser ateo. Eso para un chico de pueblo, de unos 13 años supuso un fuerte impacto. ¿Cómo podía una persona no creer en Dios y ser tan normal, por lo demás? Este hecho resultó ser una semilla para su mente que no dejó de crecer, fortaleciendo su pensamiento crítico respecto a todo lo que hasta entonces le habían dicho.  Así, hasta que definitivamente dejó de creer para siempre. Sólo las personas que han pasado por este proceso saben lo mal que se pasa durante ese tránsito. ¿No estaré equivocado?  Solo ellas saben el vacío que te queda, después de haber pasado tanto tiempo de tu vida confiando en un ser que supuestamente lo había creado todo. Así que lo de rezar ya no tenía ningún sentido.

Hacia el principio de los 80 supo sobre la meditación en el sentido oriental. Ya no recuerdaba bien lo que oyó, pero debió ser asociado al yoga. A esta técnica la asociaba con posturas raras y sobre todo, nada fáciles para él. Como las que encuentras en Internet cuando buscas en imágenes “meditación”.  De hecho para él siempre fue un martirio mantenerse sentado en el suelo. Del yoga mlee quedó grabado, que se trataba ded una serie de técnicas que le parecían interesantes, porque conducían a unir el cuerpo y la mente, que sonaba muy bien… En esa época empezó a asociar la meditación con la respiración, el uso de los rezos en diferentes culturas, con respiraciones controladas, como el rezo del rosario en la cristiana, a fin de sentirte mejor. Pero aquellos análisis no trascendieron y lo asoció a personas que tenían mucha voluntad, y que eso era demasiado para él.

Solo hace unos pocos años conoció a una compañera, Andrea, que practicaba la meditación. Por lo que iba sabiendo de ella, le daba resultado y era vital en su vida cotidiana. También, a través de ella, supo que lo de las posturas especiales, aunque eran deseables, no eran necesarias, y que también se podía meditar sentado normalmente en una silla, eso sí, siempre que la columna vertebral se mantenga vertical.

De otra parte, había estado disfrutando de una nueva relación amorosa. Pero esa relación comenzó a fluctuar, tanto, que sus pensamientos a veces se mostraban corrosivos. Así que comenzó a necesitar una herramienta que le permitiera disolver esos pensamientos recurrentes y autodestructivos de su mente. Así que, siguiendo las indicaciones de Andrea comenzó a practicar a diario, durante unos 20 minutos, que continuó practicando. Sólo sabe que parece que le falta algo el día que no lo practica.

Así que, de vez en cuando piensa en la evolución que ha habido desde ese niño que a menudo iba a la iglesia y rezaba de rodillas frente un altar, con una fe ciega en un superhéroe al que le pedía todos sus deseos, hasta el adulto que es ahora, sin más fe que la que pone en sí mismo, permaneciendo, sentado unos 20 minutos diarios, con los ojos cerrados, en una silla de su casa, o de cualquier sitio dónde se encuentre. Así fue el proceso de dejar de creer en algo impuesto desde la infancia a empezar a creer en sus propias capacidades.

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7 Respuestas a “De la oración a la meditación

  1. Muy bonito, aunque dejando claro las diferencias entre la meditación (no cristiana) y la oración.

  2. El proceso para llegar al ateísmo a edades tempranas no tiene por qué ser traumático. Mis primeras dudas sobre la religión que se me imponía aparecieron a los 12 años, no me parecía nada creíble eso de los milagros y que los recientes fueran tan dudosos. Pensaba que los evangelistas eran buena gente pero unos troleros de cuidado. Cuatro años más tarde ya estaba convencido de que las religiones eran una sarta de mentiras que podían ser útiles a alguien pero desde luego que a mí no. Probablemente las lecturas de aquella época, Kafka, Huxley, Castaneda, Ciencia ficción,etc. me ayudaran en este proceso, sin yo enterarme, pues, repito, no fue nada traumático

  3. El trauma que cada uno padece dependerá del arraigo que haya tenido la creencia de cada cual, que a su vez dependerá de la influencia que los familiares hayan ejercido sobre cada uno. En mi caso, parece que me lo había creído del todo, así que no fue nada fácil para mí dejar de creer.
    De hecho hay muchas personas que, a pesar de ser adultas, parece resultarles imposible el cambio. Porque junto a creer en una deidad,te pueden hacer creer que “si dudas de ella, vas ser condenado al infierno”. Ahora te puedes reír de aquel miedo, pero para una tierna mente de adolescente que se ha pasado años creyendo…
    Tuviste suerte de encontrarte en tu camino a todos esos autores que, cuya lectura de sus obras, te permitieron salir, si es que aún te quedaba alguna.

  4. Te doy toda la razón en aquello de que puede ser más difícil para unos que para otros. No me río en absoluto de los miedos que puedan venir en el proceso de descreer lo que siempre te han contado. Es más, estoy contigo en aquello de que muchas personas adultas deben sentir cierto pánico de pensar por sí mismas y alejarse de las consignas enraizadas en su mente a través de la educación.
    El ejemplo más claro, estadisticamente hablando, sin concretar en ninguna persona, lo encuentro en los de la tendencia política “conservadora”. Rehuyen los cambios, aceptan consignas provenientes de las altas esferas, son religiosos y a pesar de cualquier razonamiento o argumento siguen apoyando a los “suyos”. ¿ Por qué este apego irracional?
    Otro factor que te hace ser menos flexible en las ideas es la edad. Por supuesto que no afecta del mismo modo a todos, pero a mis años sí veo personas de mi misma edad que se han vuelto “conservadoras”, cuando eran jóvenes eran distintas. No sé muy bien qué mecanismo provoca la rigidez en los mayores.
    Me sorprendió una estadística donde se explicaba la pérdida de votantes de un partido conservador de España entre unas elecciones y otras, en él se afirmaba que 300.000 votos se habían perdido por defunciones de los electores. No creo que fueran 300.000 franquistas, eran 300.000 personas que en su educación no tuvieron la suerte que nosotros, su vida se ha basado en consignas de lo que esta bien y lo que está mal, sea un cura o un político o una educación ortodoxa quien las emita. Toda la vida con un miedo a no creer en lo que debe creerse
    Llegados a este punto, la palabra ORTODOXIA me lleva a pensar en las desgracias que provoca la estrechez de miras, el tragarse rollos religiosos, el no haber dado el salto en la educación que nosotros nos alegramos de haber dado. Judíos ultraortodoxos, terrorismo yihadista, la mujer en ciertas culturas,…
    Ciertamente, me alegro de haber dado el salto que a tí te costó más que a mí, pero que lo hemos podido aprovechar el resto de nuestra vida.

  5. Voy a tratar de reinventar la rueda.
    Supongo que somos un poco bipolares como especie. Nuestro caso puede hallarse en cualquier punto de los espectros que varían entre dos extremos, (má o meno): tendencia política izquierda-derecha, favorecer a los de arriba-abajo, proclive-inmune a los miedos, atracción-rechazo a lo escatológico, a favor- en contra del mal trato a los toros, sentir-no sentir especial respeto por “la autoridad”, con los años se va convirtiendo en (más) conservador-(más)librepensador, ser de pequeño sumiso_travieso, tendencia a creer-no creer lo que le dicen son unos variados ejemplos.
    ¿Cuál podría ser una explicación de que nuestro comportamiento, y el de los seres que nos rodean, resulte ser tan variopinto en la especie humana?
    Yo ya cuento con una protoexplicación.

  6. Yo no tengo ninguna protoexplicación pero sí una información curiosa sobre bipolarización social extrema. En el principio de esta información histórica sobre el Conde Belisario lo explica bien, no es necesario leerlo todo:
    http://portal.protecturi.org/el-general-belisario-un-ejemplo-de-lealtad/

  7. Pues lo voy a leer. O lo leeré. No sé qué me compromete más.
    De momento he recurrido a la libre Wiki y le pregunto qué sabe sobre “general belisario”, y va y me envía algo como ” El siglo VI d. C. (siglo sexto después de Cristo) o siglo VI EC (siglo sexto de la era común)”.
    Y de pronto descubro en esta frase, que hay dos modos de hacer referencia a un hecho. Hasta ahora lo más frecuente era hacer alusión a un acontecimiento que tiene que ver con una determinada cultura.
    Ya estoy viendo el interés por descubrir acontecimientos del pasado, que fueron sepultados por otros, quizás más impuestos…
    Creo que va siendo el momento de abrir una nueva entrada.

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